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jueves, 14 de febrero de 2019

San Intensín

Hoy es San Valentín. No sólo se celebra el amor romántico, sino el amor familiar y fraternal.

Hoy la clase de la mañana fue full práctica así que tuve tiempo para mí.
Hoy nuestra mentora nos llevó a todos a almorzar.
Hoy tuve un pequeño ataque de pánico. De nuevo.
Hoy vomité en el baño de la capacitación. Me importó un bledo.
Hoy todos mis compañeros, instados por mi profesor, empezaron a expresarme todo lo que piensan sobre mí.
Hoy volví a ser el centro de atención durante más de una hora, con comentarios de todo tipo que trataban de descifrarme como persona, halagos inesperados sobre mis capacidades y menciones sobre mi rendimiento decaído.
Hoy me quedé hora y media luego de la clase hablando con mi profesor y contándole, sólo a él, algunas de las cosas que me están pasando y que explican mi falta de desarrollo.
Hoy, al regresar a mi casa, me encontré con mi mejor amiga, que me abrazó luego de meses sin vernos, y en ese abrazo me dijo que todo está bien.

Hoy, San Valentín, me esperaba un día tranquilo e incluso melancólico, en el que tendría clases normales y regresaría a casa a tomar una siesta. En cambio, me topé con una montaña rusa de emociones, que pasaron por el miedo, la ansiedad, la frustración, la rabia, la impotencia, la tristeza, la vergüenza, la desesperación, y felizmente terminaron en el alivio, la alegría y la paz.

Estoy cansada y los detalles me los guardo. Sólo me queda como aprendizaje que no importa mucho lo que los demás piensen mientras tú sepas bien quién eres, cuáles son tus metas y tus motivaciones, pero que siempre, SIEMPRE, puedes y eres responsable de hablar y contarle a alguien de tu entorno para no sentirte solo y encontrar soluciones.

Quizás mi relación con mis compañeros no termine siendo la mejor. No me he explicado como para que sepan qué me pasa, pero hoy he liberado un poco del peso que cargaba sobre mis hombros con tanto silencio y fastidio contenido y me siento más tranquila.

Ojalá mañana se mantenga así.

martes, 5 de febrero de 2019

Después de la tormenta...

Listo.

Me porté mal.

Ya está.

A volver a contar desde cero.

"El proceso nunca es linear".
"No eres perfecta".
"Es esperable que tengas pequeños impases, lo importante es que sigas".

Qué difícil es tener paciencia y amor por una misma cuando haces las cosas mal.
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Sobre los temas de mi terapia, he decidido no contarlos todo de frente sino dosificarlos. Ya están apuntados. Pero creo que me genera ansiedad tenerlos acumulados y eso me genera procrastinar el escribir. Así que evaluaré hacer un post bien largo y molesto que nadie leerá para satisfacer mi ansia perfeccionista,

Sobre hoy, ha sido una seguidilla de eventos que desencadenaron este episodio de purga:
  • En la mañana me tomé un helado de leche aparte de mi leche chocolatada.
  • La gestora del proyecto en el que estoy empezó a comentar que estaba muy flaca y mi cara chupada. No supe dónde meterme, sobre todo porque mi cuerpo no está tan delgado y vacío como en diciembre (que ella no me vio).
  • "El venezolano" me hizo dos comentarios sobre suicidio. Es decir, insinuando que no era una opción. Primero porque le pedí una pastilla y me dijo "no vayas a tomarte una sobredosis"; y luego sobre "cortarme las venas" por algo.
  • Cabe resaltar que me dibujé en mi brazo, justo donde tengo mis cicatrices de cortes: me hice un recordatorio de moverme poco porque estaba super adolorida de la costilla. Mala idea, porque llamaban más la atención de las marcas.
  • Uno de mis profesores se fijó en el dibujo que hice. Pero fue lo suficientemente educado como para no preguntar.
  • Comentarios y actitudes de mis compañeros. La de todos los días.
  • Me tuve que ver en video durante 20 minutos. La idea era determinar algunas cosas de lenguaje corporal. Así que todos tenían que evaluarme, pero en realidad me ignoraban. Me imagino que estaban cansados porque fui la última. Así que yo empecé a mirarme. Fea, pálida, con cara de vieja, con dos montañas en las caderas,  cero cintura, brazos llenitos y con inicios de celulitis. 

De regreso en mi casa había olvidado que el día fue así y se me ocurrió volver a tomarme un helado. Y dormí una siesta.

La cena ya no la toleré. "Demasiadas calorías, me siento muy llena". Ya estaba con un ataque de ansiedad cuando comía las verduras, mi corazón latía rapidísimo y no entendía por qué, pero no pensé en purgarme hasta que tomé el yogurt. Estúpido yogurt. Nunca más ese sabor de yogurt.

Obvio, le conté a mi psicólogo. Pensé que la racha había terminado. Me sentí hiper mal de estar hablando de recuperación y blah blah blah y tener este bajón. Pero ya está. No soy perfecta. 

Espero que nadie en casa se haya dado cuenta. Porque casi creo un desastre en el baño.

Mañana será otro día... supongo.

Oh- oh

Ayer y hoy han sido dos días de ansiedad. Sabe Dios qué me está pasando.

El punto es que acabo de cenar y tengo unos remordimientos horribles y un impulso por vomitar alucinante. He estado en el rango medio-inevitable de la purga, o sea, ya escuchando en mi cabeza y analizando las posibilidades de ser atrapada en el acto.

Estoy tratando de respirar hondo.